Con noviembre la llegada del frío es inevitable y con él, los calefactores. Todos necesitamos mantenernos calentitos en nuestras casas, pero nos gusta que sea al menor precio posible, algo que no siempre es fácil de conseguir.

Nuestra forma de calentar un espacio es mediante convección, es decir, utilizar el aire como transición del calor. Por ello no debemos abrir puertas o ventanas cuando tenemos la calefacción en marcha, pues el aire saldría y, por tanto, el calor.  

 

Aunque bien es cierto que, aunque mantengamos todo cerrado, el aire caliente asciende al techo y lo “perdemos”, por lo que necesitamos mantener la habitación caliente con más horas de calefacción y, por tanto, mayor consumo de energía.  

 

Te presentamos diferentes tipos de calefactores para que no te falte el calor durante este otoño e invierno.  

 

·         Calefactor de aire caliente: suelen ser eléctricos y expulsan aire muy caliente rápidamente, sin embargo, este no dura demasiado tiempo en el espacio. Es cierto que son cómodos, seguros y no muy grandes, lo que los convierte en fáciles de mover de un lugar a otro. Muy recomendables para pequeñas habitaciones, donde el calefactor cercano a la cama o al escritorio mejorará nuestra estancia. Si bien, la electricidad no es precisamente barata, por lo que su consumo es bastante elevado.  

 

·         Calefactor de pared: son perfectos para situar en pequeñas habitaciones y, en ocasiones, también están provistos de la función de aire acondicionado. Perfectos para áticos habilitados como habitaciones, lofts o pequeños apartamentos, fáciles de calentar gracias a su reducido tamaño. Suelen contar con varios programas, para calentar más o menos tu estancia.  

 

·         Radiador de aceite: rellenos de aceite, metálicos y silenciosos son una buena opción para espacios medianos. Aunque tarda un poco en calentar, son silenciosos y emiten un calor uniforme. Además, sus ruedas permiten trasladarnos de una estancia a otra. 

 

·         Estufas de gas butano: son aparatos de mayor tamaño. Son óptimas para su uso en espacios amplios, como salones y oficinas. Es habitual que tengan ruedas, lo que nos ayuda a transportarlas fácilmente.  

 

·         Calefacción por infrarrojos: transmite un calor que no se mueve por el aire, sino a través de ondas infrarrojas. Así, las paredes, techos y suelos se nutren del calor y lo desprenden poco a poco a su alrededor.  

 

·         Calefactor cerámico: como principal ventaja apuntamos que detectamos el calor nada más ser encendido y su consumo no es demasiado elevado, sobre todo al compararse con los radiadores de aciete.

·         Estufa de pellets: su funcionamiento es automático y cuenta con total seguridad, por lo que no hay ningún riesgo por quemaduras. El pellet es un combustible que se compone de residuos naturales, concretamente biomasa hecha a base de virutas y serrínAl ser residuos pequeños de materia fósil, apenas se crean cenizas. Además, su diseño es moderno y acogedor a la vez, de modo que conseguiremos una habitación con un toque vintage de la que no querrás salir.

 

·         Estufa de exterior: las estufas que vemos en cualquier terraza y nos hace la visita un poco más acogedora. Utilizan gas butano y tienen un excelente sistema de combustión, lo que contribuye a ayudarnos con el ahorro. Además, son muy seguras, sin duda perfectas para colocar en bares o restaurantes. 


·         Estufa de petróleo: solían utilizarse antiguamente por lo que muchas pueden ser adquidas como decoración. Cuando se usan, casi todo el carburante se convierte en calor gracias a su sistema de combustión. El consumo del carburante es muy económico, lo que hace que su consumo energético sea mínimo.  

 

 

Tras las diferentes opciones, te recomendamos que elijas aquella que sea más afín a ti y tus necesidades. Recuerda que el tamaño de la estancia donde pretendas es fundamental para decantarte por una u otra. Sea como sea, elige tener tu casa calentita porque ya lo dice el refrán “ande yo caliente, ríase la gente”.